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lunes, 2 de febrero de 2015

La política del siglo XXI

Ni una cosa ni la otra. Ni Gobiernos intervencionistas y chulescos que quieren controlar la economía a base de autoritarismo de Estado y siempre con un discurso de fuertes connotaciones ideológicas y religiosas. Ni tampoco Gobiernos que se dediquen a ponerle una alfombra de privilegios a los ricos, a las empresas poderosas y a los grandes lobbies, dejando al ciudadano medio completamente esquilmado y sin derechos ni trabajo. 

Lo que deberían hacer los Gobiernos de este siglo es trabajar en buscar una eficacia económica, posicionar al país en el tablero mundial de forma competitiva dejando que el potencial humano y el talento tengan cauces de desarrollo, olvidarse de una vez de las ideologías que no valen ya para nada y que todo el mundo tenga las mismas oportunidades ofreciendo unos mínimos de seguridad para los que de verdad tengan necesidad. 

Si la clase media de un país es bien tratada y se estimula su crecimiento puede tener consecuencias muy positivas para el conjunto de la población al repartirse más la tarta y que llegue la riqueza a más personas. Después que cada uno elija dónde quiere estar en función de su esfuerzo personal. Lo demás ya queda obsoleto y cansino.


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